Zapatero no entra en el túnel

9 Ene

Ahora parece ser que el Túnel del AVE que pasaba cerca de la Sagrada Familia no será adjudicado. Una medida electoralista del PSOE que no quiere arriesgar su elección en una Catalunya de por sí cansada de estos manejos turbios que tantos problemas de infraestructuras trajeron. Lo informa El Periódico:

Al final, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha sentido pánico ante un proyecto polémico que debería arrancar en plena precampaña electoral. El cambio de posición se ha producido sin explicaciones a la opinión pública, lo que contribuye al descrédito de la política en un tema extremadamente sensible en Catalunya.

Una maldición parece perseguir al desarrollo del tren de alta velocidad en Catalunya. A los problemas, aún no superados del todo, de hacer llegar la línea del AVE procedente de Madrid a la estación de Sants, se suma ahora un nuevo inconveniente de difícil comprensión para la ciudadanía: la galería subterránea por la que deberían discurrir los trenes a través de la ciudad de Barcelona –el túnel Sants-Sagrera– lleva camino de convertirse en un proyecto nonato.
El acuerdo político alcanzado en su día por el Ministerio de Fomento, cuyo titular era entonces Francisco Álvarez-Cascos (PP); la Generalitat, presidida por Jordi Pujol (CiU), y el Ayuntamiento de Barcelona, comandado por Joan Clos (PSC), parece hoy papel mojado. El Gobierno central, responsable de desarrollar ese pacto, no está decidido a dar el impulso definitivo a ese trazado. La fuerte oposición ciudadana a abrir un corredor subterráneo que afecta a la Barcelona modernista y, en particular, al templo de la Sagrada Família parece finalmente haber hecho temblar las piernas del Gobierno. De ese modo, una obra que tendría que haber sido adjudicada el pasado 25 de octubre, queda ahora en el limbo porque nadie la impulsa, aunque tampoco se descarta. La razón: la proximidad de las elecciones.

Un fraude político

Desde este diario entenderíamos un cambio de posición en el túnel Sants-Sagrera siempre que fueran dadas las oportunas explicaciones a una sociedad que lleva meses oyendo mensajes contradictorios sobre la idoneidad o no de la galería. En materia de obras públicas no caben los dogmatismos y conviene prestar atención a los técnicos. Pero es evidente que estamos ante una marcha atrás no explicada. Si el Gobierno pretende cambiar el proyecto para satisfacer a CiU –el primer grupo político que rompió el consenso para proponer la alternativa del AVE por el Vallès– en el hipotético caso de que Zapatero necesite los votos convergentes para seguir gobernando, estaremos ante lo más parecido a un fraude político, de malas consecuencias para la ciudad de Barcelona y, sobre todo, de pésimo ejemplo para una sociedad cada vez más descreída por los tejemanejes del poder. Si ahora, después de las experiencias traumáticas del túnel del Carmel (en la línea 5 del metro de Barcelona) o de Bellvitge (en el último tramo de la línea del AVE hacia Sants), se ha visto que la opinión pública no podría tolerar la simple aparición de grietas en edificios históricos de la ciudad, convendría que los responsables dieran la cara y expusieran su cambio de opinión. Eso es lo que corresponde a una sociedad democrática.

Barcelona, perjudicada

La gran perjudicada por esta brusca alteración del trazado del AVE será sin duda la ciudad de Barcelona. Porque una buena parte de la estrategia de desarrollo urbanístico de la capital catalana está basada en la creación de una gran estación central en el barrio de la Sagrera, donde existe una amplia superficie para hacer un urbanismo que desplace la centralidad de la ciudad hacia los barrios populares. Ese era uno de los objetivos de hacer que el AVE parara en dos estaciones barcelonesas. Pero con la rectificación que se anuncia, todo el proyecto de la Sagrera debe ser revisado. Por otra parte, volver ahora a la idea del AVE por el Vallès supondrá retrasar considerablemente la conexión con Francia por tren de gran velocidad, algo vital para Catalunya y para España.
En definitiva, estamos ante un fiasco que, de confirmarse, merece justificaciones precisas de los responsables políticos. Si durante meses se nos ha asegurado que el túnel a través de Barcelona no iba a dañar los edificios, más allá de alguna grieta controlada, y que la ingeniería moderna permite perforar el subsuelo de una ciudad sin problemas, ahora parece que nadie quiere asumir riesgos. Mala noticia para una urbe que para desarrollarse en el siglo XXI necesita, como en el pasado, construir túneles para el transporte de personas y de mercancías.
Las grandes obras públicas, y esta es una de las más importantes de cuantas se realizan hoy en Catalunya, no pueden quedar al albur de las coyunturas políticas. Es entendible que los dirigentes sean sensibles a los miedos ciudadanos –y es evidente que amplios sectores de la población barcelonesa temen ese túnel–, pero su obligación es explicar las decisiones que tomen.

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